“Warmi, la mujer aymara en su territorio N° 7”. Yasna Vicente Pérez: La arquitecta aymara que sueña con volver a la comunidad

Yasna Vicente Pérez, arquitecta.

El pueblo de Chapiquiña es el centro que conecta la niñez y adultez de Yasna Vicente Pérez, nacida en Arica, pero heredera de las tradiciones aymaras, por parte de Humberto y Elena, sus padres, nacidos en esta localidad de la precordillera.

Su existencia tiene arraigo en la historia que partió cuando Humberto y Elena eran pequeños e iban a la misma escuela, luego, compartieron en las fiestas patronales, se casaron y tuvieron su familia, compuesta por cuatro hijos. Todos crecieron en torno al pueblo, pasaron alferazgo y participaron en las tradiciones locales, como plantar las papas nativas en el mes de mayo y acompañar la memoria de sus difuntos en noviembre, los tres primeros años con los mejores platos preparados para ir al cementerio. La vida se marcaba en este ritmo, a través del tiempo.

A través de estas experiencias, desde niña, Yasna empezó a valorar el trabajo de sus abuelos, que criaban ganado en el campo, y entender como crecieron sus padres. En los veranos viajaba a Chapiquiña y acompañaba a su abuela materna, Rosalía, que pasaba mucho tiempo sola, porque el abuelo Domingo estuvo enfermo, durante un largo tiempo en Arica. Tenía alrededor de 10 años y estaba junto a ella gran parte del día, llevando la tropa de corderos al campo a pastear. Bajaban al río y ahí lo que más le gustaba era sentarse en una piedra grande a escuchar el viento, que jugaba con el silencio de la precordillera y el canto de los pájaros.

Por el lado paterno, el abuelo Mauricio, fue el patriarca de la familia que les enseñó las tradiciones, el valor del trabajo en la tierra, que era a lo que se dedicó, hasta el último día.

Sueño laboral
Cuando Yasna se fue a Antofagasta a estudiar arquitectura a la Universidad Católica del Norte, se sentía orgullosa de ser aymara, de su herencia e historia. Experimentó discriminación, pero logró superarlo.

Cuando se tituló, siendo una de las primeras arquitectas aymaras en la zona norte, uno de sus primeros deseos fue desempeñarse en la zona rural y lo hizo durante varios años, en la región y al interior de Iquique, en distintas municipalidades.

Su primer trabajo importante fue en la Municipalidad de Putre, luego, en las municipalidades de Pica y Colchane, y en la Gobernación de Putre. Paralelamente para la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, a nivel central, realizó un estudio relacionado con la arquitectura y la cosmovisión andina.

Actualmente se desempeña en la Municipalidad de Arica, en la Dirección de Prevención y Seguridad Humana, a cargo de la unidad de proyectos. Antes, en la Dirección de Obras, donde fue directora durante tres años.

Como mujer aymara y arquitecta, le gustaría desarrollar alguna iniciativa vinculada con la comunidad del interior, entregando toda la experiencia laboral con la que cuenta, poder volver a trabajar en zonas rurales es parte de sus sueños.

Tradiciones culinarias
Posee una gran inclinación por las comidas tradicionales de la precordillera, basada en maíz tostado, chuño y papas del interior, que antiguamente solo eran consumidas por los aymaras, pero ahora están cada vez más presentes en la comida gourmet, lo que le agrada mucho.

Compartir con su familia estos alimentos patrimoniales es una oportunidad que le llena el alma y el gusto. Como el picante y el caldo de chuño. Lo que más le gusta es la guatia, plato tradicional, preparado en las festividades por excelencia, que tiene cierta dificultad en su preparación y lleva como ingredientes: cordero, humitas, habas, papas tradicionales y camote, acompañado de ensalada. Lo mejor es que se comparte en comunidad y que para su matrimonio, su padre la preparó como plato principal.

Yasna se siente orgullosa de lo que significa la trasmisión de los conocimientos culinarios de sus ancestros, por lo mismo, a sus hijos les ha mostrado cada uno de estos ingredientes y preparaciones que realiza en su casa.

Tradiciones vivenciales
Las tradiciones con la comunidad son parte de su vida, como la fiesta de las cruces y el carnaval en los pueblos de Copaquilla, Pachama y Chapiquiña. Desde pequeña vio a sus padres y abuelos participar de las danzas típicas en fechas importantes, con sus atuendos tradicionales.

Cuando joven empezó a bailar caporal en los carnavales, mientras estudiaba y regresaba ocasionalmente a Arica. Después descubrió la morenada, se interiorizó sobre su origen y quedó feliz. Hoy es parte del Bloque Nueva Generación de la Fraternidad Achachis Generación 90, donde ha sido guía. Bailar, evidencia para ella un mundo profundo y hermoso, que advierte, también se ve desde afuera.

Ser aymara para ella va de la mano con su identidad como mujer. Los valores que le inculcaron desde pequeña son parte de su vida cotidiana, y ella siente que tiene la misión de mostrar a sus descendientes el respeto a las tradiciones, como lo hicieron sus padres. Llevar la vida con reciprocidad, agradecimiento y mucho trabajo, delimitaron su forma cotidiana de actuar.

Para Yasna la única forma que perdure la cultura aymara es la trasmisión oral hacia los hijos y ellos a sus descendientes, porque así ha sido desde milenios y es la forma más pura de mantener en el tiempo. Ella habla desde la vivencia que internalizó en su vida. Nunca se olvidó cuando escuchaba el viento, mientras estaba sobre una piedra, en silencio. Sentir como la tierra se expresa, es lo que perdura en el tiempo; el recuerdo del abuelo con el que bailaba cuando era niña y tener unos padres sencillos, que le inculcaron valores que rigen su andar.

Nota de la Dirección
“Warmi: La mujer aymara en su territorio”, es un proyecto financiado por el Fondo de Medios del Ministerio Secretaría General de Gobierno 2020 y el Consejo Regional de Arica y Parinacota, cuya investigación, desarrollo y redacción, corresponden a la periodista Ada Angélica Rivas y se publicará los días lunes y jueves durante todo el mes de agosto.

Junto a Ada Rivas, existe un equipo multidisciplinario que permite la publicación del proyecto, integrado por Robert Cornejo, Víctor Olguín y Francisco Soto, quienes son apoyados por personal permanente de AricaMia.