“Warmi, la mujer aymara en su territorio N° 5”. Lorena Calle Ibáñez: Cuando se crece al ritmo de las tarkas

Lorena Calle Ibáñez, tramitadora aduanera, viendo las mercancías que llegan de distintos países al Puerto de Arica.

Buscando mejores oportunidades, su padre, Andrés Calle, cuando tenía 17 años llegó a Arica desde su pueblo Papel Pampa de Bolivia, cargando un bolso y una tarka, flauta de madera. Ocho años después, su madre, Dora Ibáñez, nacida en La Paz, Bolivia, con 16 años, hizo lo mismo, lo que significó conocerse e iniciar una vida juntos.

Son los padres de Lorena, conocida por muchos como Lorenita. Mujer aymara nacida en Arica, multifacética, alegre y emprendedora, que ama su cultura, las tradiciones y a los integrantes de este mundo dual, de reciprocidad, ritualismo y ancestralidad.

Los familiares y personas del pueblo boliviano, al llegar a Arica y valle de Azapa, continuaron con las tradiciones, como tocar tarkeada, especialmente en épocas de carnavales. Aquí se origina la “Morenada y Tarkeada Villarroel C Papel Pampa”.

Cuando tenía cuatro años, mientras su padre tocaba este instrumento de viento, bailaba alrededor, junto a su sobrino Lorenzo, ambos fallecidos. Por eso los recuerdos de haber compartido gran parte de su vida, con las tarkas de fondo, la hacen recordarlos con emoción.

La esencia de los bailes, la música, el ritualismo y las costumbres, fueron relevantes para sus progenitores. Lorena tuvo el honor de participar junto a este gran clan que llegó de más allá de Los Andes, cuya descendencia mantiene las tradiciones.

Lorena con su familia

Aunque siempre escuchó a su familia conversar en aymara, ella solo aprendió a contar del uno al 10, pero entiende a la perfección. No logró tocar tarka, por más que su padre Andrés intentó enseñarle, por eso le muestra los videos VHS del año 2001 a su hija Karla de 14 años, donde él sale tocando, para que lo escuche y aprenda, tiene fe que ella podrá cultivar este tipo de música.

Como buena descendiente boliviana, le encanta el caldo o sopa de maní, a base de cordero, papas, fideos, maní y cilantro; también el thimpu, un caldito de cordero con papas chuño y arroz, acompañado de ají amarillo con cebolla frita.

Valiente y guerrera
Su primer trabajo lo inició a los 15 años en el terminal del agro, vendiendo frutas de la temporada junto a sus tíos. Cuando salió del liceo, siguió estudiando y laborando como cajera, captadora de clientes y operadora ejecutiva para grandes tiendas. Hoy se desempeña en tramitación aduanera, viendo las mercancías que llegan de distintos países al Puerto de Arica.

Lorena en su trabajo en el puerto de Arica.

A lo largo de su vida, ha aprovechado cada situación y circunstancia, lo que la ha ido formando como una mujer completa, junto a su hija, su hermana Carmen y familia, que la apoyan en los proyectos que espera realizar, como seguir estudiando y perfeccionándose en lo que hace. Su visión de mujer emprendedora aymara la ilumina para saber dónde hacer un negocio y tener éxito. Su perspectiva es que la mujer es multifuncional, se puede desarrollar en cualquier ámbito, sin depender del rubro, pues cuando se quiere hacer algo, se hace bien y no a medias.

Una mujer aymara valiente, guerrera y poderosa. Feliz de escuchar a quienes son parte de la cultura occidental, interesados en sus rituales, porque antes no había tanta valoración como hoy. Las redes sociales han sido útiles para dar a conocer esta cultura, de quien cuando era pequeña, morenita y de apellido Calle, era postergada en algunas actividades de la sala de clases.

Lorena piensa que, si tuviera que elegir una pareja sería un hombre aymara, porque son una caja llena de secretos y saberes, la mayoría son trabajadores, aman la tierra y el lugar donde nacieron, sus costumbres, tradiciones, cultura y herencia patrimonial. Si se necesita apoyo, están ahí, siendo el mejor complemento, suficiente para enamorar a una mujer.

Ceremonias del valle
Toda su vida ha participado junto a su familia, en las diversas tradiciones como: wilancha, martes de challa, machaq mara, pawa, challa de instrumentos y trajes para el carnaval y festividades, como la cruz de mayo. Siempre agradeciendo a la pachamama y al tata inti, tiene claro que no solo se trata de recibir, sino también dar.

Cada vez que hacían sacrificios de animales a la altura del kilómetro 20 del valle de Azapa, especialmente en la noche, le pedía a su padre que la llevara. Iba al ritual de los gallos negros, para la pawa de la tarkeada, que se realizaba tres días antes del carnaval. La costumbre se iniciaba con una mesita con las tarkas, los bombos y los gallos, a los que el pasante, encargado de la ceremonia y la fiesta, les cortaba los cuellos, pero las aves seguían vivas, correteando alrededor y esparciendo la sangre. Se dice que mientras más baila el gallo sin cabeza, es mejor augurio y buena suerte para el pasante y la tarkeada. Después que mueren los reservan para que al día siguiente se cocinen en forma de caldo o picante, que comparten solo los tocadores de tarka.

Cuando falleció su papá, en el año 2012, llegaron sus parientes con ofrendas. Más que flores, su afecto se tradujo a vino, bebidas, fideos y arroz. El tío Macario Mamani, un yatire, llegó con un cordero. Ella lo acompañó en el ritual de la muerte del animal, cuando tiró la sangre al suelo y las hojas de coca encima, las que luego le leyó, develándole varias situaciones futuras. Una inmensidad de personas los acompañó en el entierro con tarkeada y banda de bronce.

En pawa de las tarkasa

Las ceremonias de pawa y challa en los matrimonios, el sahumerio al local, a las tarjetas de invitación, a los padrinos, para que el festejo sea fructífero, llegue en buena hora y no haya peleas, ni discusiones, son parte de la vida de Lorena, de la cultura aymara de sus ancestros. Ella continúa heredando la tradición a su hija, enseñándole lo que aprendió.

Le gusta ir a las fiestas, ya que es la oportunidad de encontrarse y compartir con sus familiares. En los matrimonios, bautizos y velorios, están todos.

Se sabe de memoria los temas del grupo “Gran Amanecer Internacional”, de sus hermanos Gerardo y Leo Calle, que han sido músicos de folclore andino y de música tropical, desde muy jóvenes, pues el ritmo y creatividad está en sus genes. Su grupo favorito son los Kjarkas y jamás escucharía reggaetón. Jamás.

Nota de la Dirección
“Warmi: La mujer aymara en su territorio”, es un proyecto financiado por el Fondo de Medios del Ministerio Secretaría General de Gobierno 2020 y el Consejo Regional de Arica y Parinacota, cuya investigación, desarrollo y redacción, corresponden a la periodista Ada Angélica Rivas y se publicará los días lunes y jueves durante todo el mes de agosto.

Junto a Ada Rivas, existe un equipo multidisciplinario que permite la publicación del proyecto, integrado por Robert Cornejo, Víctor Olguín y Francisco Soto, quienes son apoyados por personal permanente de AricaMia.