“Warmi, la mujer aymara en su territorio N° 3”: Virginia Loayza Chambe, La abuela que sana los dolores del alma

Virginia Loayza Chambe, la abuela que recibió los dones de sus ancestros femeninos.

Silverio Loayza y Julia Chambe, fueron los padres de Virginia, nacida en Saxamar, a 132 kilómetros de Arica, en la precordillera, e inscrita en Belén, un pueblo cercano. Toda su existencia ha transitado por las tierras de las alturas y en su comunidad, donde las quebradas marcan los cerros.

Cuando pequeña, a los tres años, era transportada en un aguayo tejido con motivos andinos, en la espalda de su madre. Recuerda en forma clara ese detalle, en que sentía que era el mejor espacio para estar segura.

Usó ojotitas de goma y cuero de llamo, especialmente el que sacaban del cuello del animal, que era de mayor grosor; toda su niñez anduvo así, sin conocer los zapatos. Su madre le hacía vestidos, faldas, enaguas y ropa interior de la tela de los saquillos harineros, lo que Virginia rememora con nostalgia, en la distancia de más de siete décadas.

Estudió hasta segundo año básico y se dedicó a apoyar a su familia en el trabajo agrícola y crianza de animales. A los nueve años, junto a sus padres bajó desde Saxamar, acompañándolos a vender 60 cabezas de corderos al valle de Azapa. Era la primera vez que salía de su comunidad, arreando este piño de animales, durante dos días, por caminos de tierra, en plena bajada y durmiendo en la pampa. Llegaron en la tarde a dejarlos a un corral, desde donde eran trasladados a Arica en el único camión existente, al que le decían el “siete machos”.

El orégano que cultivaban lo transportaban en mulas, de la misma forma y con el mismo tiempo de caminata; a veces andaban a caballo, que iban alternando a lo largo del día.

Se casó con Justo Apata, con quien tuvo 10 hijos, de los cuales hay dos fallecidos. Para que ellos estudiaran tuvo que vivir entre esta comunidad de la precordillera y la ciudad, en forma intermitente. Pero valió la pena, hoy se siente orgullosa de sus resultados, pues tiene una familia de emprendedores, que han estudiado y lideran el bienestar de la comunidad.

Dones sanadores
Esta mujer aymara siempre supo que tenía un don, heredado de su madre y su abuela, conocer las hierbas medicinales y saber para qué sirve cada una. De esa manera creció, el dolor que sintiera era aminorado con hierbas, llamadas montes, que eran más sanas que tomar pastillas; en ese tiempo, el Mejoral era el más popular.

Virginia es la sanadora de los dolores, la tradicional colliri, requerida por la comunidad ante cualquier malestar físico. Trabajó 11 años en medicina intercultural para el Servicio de Salud de Putre, movilizándose entre la precordillera y el altiplano. Ella es solicitada cuando alguno de los vecinos está triste o bajo de energía, ahí sabe que el problema va por el lado del ánima, para lo cual debe llamarla con pequeñas campanas y un vaso de vino, hasta que una mariposa blanca aparezca y retorne el espíritu perdido.

Tradiciones
No habla aymara con fluidez, pero sí entiende todo con claridad. Como residente de esta zona participa de las tradiciones de su cultura y está a cargo de los rituales de agradecimiento a la pachamama (madre tierra) por los frutos entregados o para pedir por lo que viene en los trabajos agrícolas del año.

Para la cruz de mayo ella es una de las participantes principales. Desde los tres años que acompañaba a su madre en las tareas de ornamento, pero a los seis, recuerda hacerlo en forma directa, cuando vestían las cruces de Santa Rosa, La Misericordia y El Niño, que llevaban al cerro Calvario. Ella ayudaba, doblando papeles de volantín de distintos colores, cortándolos y envolviendo la cruz, como un alegre vestido.

Al pasar el tiempo el papel de volantín fue quedando atrás para ser reemplazado por cintas y flores, se fueron decorando con flecos y más tarde con bordados, que hacían ellos mismos. Actualmente, las cintas son más anchas y se bordan a máquina con el nombre del alférez, que es quien tiene a cargo la celebración.

Virginia por más de 70 años está relacionada con la cruz de mayo de Saxamar, vistiendo las nuevas cruces que serán llevadas a los cerros protectores del Calvario y Pumane, junto a los nuevos pasantes o alferazgos.

Criando guachitos
La comida con la que se crio y nunca olvida es el plato de habas tostadas, que se echan a hervir con papas, agregándole charqui o queso blanco. Pero lo que más le gusta es el chairito, consistente en papas chuño, con papas frescas, carne y huesos de animal para el sabor, a veces le agrega maíz molido.

Desde niña ha trabajado mucho. En la actualidad también lo hace. Se levanta todos los días a las seis de la mañana. Después de hacer aseo en la cocina y tomar desayuno, va a ver al corral a sus cabras y las lleva a pastear al potrero. Varias con crías, de las cuales dos están guachitas, pues una cabra murió y ella se hizo cargo, les da mamadera y se siente feliz de ser casi una madre para ellas. En las tardes las retorna al corral, para luego tomar tecito y ver las noticias en el único canal que existe en la precordillera.

A veces mira el horizonte, cuando la luz se va perdiendo y más de noche, las estrellas, que iluminan el cielo. Piensa en tantas historias almacenadas en su memoria, en lo que vivió de niña, en sus dones, en la importancia que la juventud mantenga las tradiciones. Sus nietos son el futuro en el que confía, y ellos aman su cultura aymara, esas raíces profundas, que en Saxamar producen mejores frutos, con el agua dulce, como Virginia, una mujer maravillosa.

Nota de la Dirección
“Warmi: La mujer aymara en su territorio”, es un proyecto financiado por el Fondo de Medios del Ministerio Secretaría General de Gobierno 2020 y el Consejo Regional de Arica y Parinacota, cuya investigación, desarrollo y redacción, corresponden a la periodista Ada Angélica Rivas y se publicará los días lunes y jueves durante todo el mes de agosto.

Junto a Ada Rivas, existe un equipo multidisciplinario que permite la publicación del proyecto, integrado por Robert Cornejo, Víctor Olguín y Francisco Soto, quienes son apoyados por personal permanente de AricaMia.