Warmi, La mujer aymara en su territorio N° 1: Shirley Quelquezana Quelquezana. En las alturas, la sonrisa tiene marca registrada

Shirley Quelquezana Quelquezana , aymara, ingeniera civil en computación e informática.

Cuando Shirley Quelquezana Quelquezana nació en la frontera, Visviri, comuna de General Lagos, fue recibida por quienes siente que son sus dos papás, los hermanos Zenón y Gilberto, que se hicieron cargo de la nueva integrante; mientras que Antonia, la progenitora de estos dos hermanos, cumplió con creces con el rol de la madre que nunca conoció.

Zenón la fue a inscribir al Servicio del Registro Civil, con el apellido oriundo de las alturas, que le dio la familia que se hizo cargo de su bienestar y fue el soporte en esta ruta de lindos recuerdos, como cuando llegaron a Arica y se establecieron en la Población San José, en la calle Pachama, el mismo lugar donde aún habitan.

Recuerdos hermosos
A los ocho años, con gran esfuerzo celebraron su cumpleaños en grande, como pocas veces, invitando a sus amigos del lugar y a toda la familia. Fue uno de los días más felices de su vida de niña, que evidencian el amor de quienes estaban cerca y le mostraron las raíces de la cultura Aymara, pues siempre fue tradición compartir para el martes de Ch´alla, Machaq Mara y el día de los difuntos. Fechas relevantes para su entorno, que le inculcó el respeto y la empatía hacia los demás. Fue el último año en que Shirley tuvo junto a ella a su madre-abuela, Antonia, que falleció al año siguiente, tomando su lugar Margarita, la hermana de sus dos papás.

Otro recuerdo con el que siempre se mantiene conectada, es la bendición y el beso de buenas noches en la frente, que durante ocho años, su madre-abuela le daba, ahora siente que la protege desde el mundo de arriba.

La adolescencia fue el tiempo de colaboración en el negocio familiar, en el que ayudaba a atender cuando estaba en el liceo, y, luego, cuando entró a la Universidad de Tarapacá a estudiar Ingeniera Civil en Computación e Informática, motivada por su madre-tía. Fue la primera integrante de los Quelquezana que se tituló como profesional, generando un tremendo orgullo en la familia.

Vida laboral
La alegre sonrisa es la marca registrada de Shirley. Nadie que piense en ella no consideraría esta característica de quien con tres décadas en el cuerpo, y con su título de ingeniera, ha estado siempre ligada al ámbito de los proyectos, porque además de gustarle esta modalidad de trabajo, se siente plena como profesional, pues ha superado todas las barreras existentes para tener éxito. Tiene claro que por esta vía podrá ayudar a la comunidad del mundo andino, que es parte de sus raíces.

Cursa el Magíster en Gestión y Políticas Públicas, necesario para aportar en sus trabajos relacionados con esa área. Pero aún tiene pendiente sus deseos de estudiar en el extranjero algo relacionado con repostería andina; mientras que ese día llega, disfruta la sajta de pollo, cuyos ingredientes son pollo, ají amarillo, chuño con huevo, cebolla, arroz y ensalada de tomate con cebollas y arvejas; y el thimpu, una especie de sopa con carne de alpaca, arroz, ají, y el infaltable chuño.

Shirley inició su vida laboral en la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, CONADI de Arica y Parinacota, en el año 2015, donde veía proyectos para la gente más vulnerable. Además de este rol profesional, inició un vínculo más fuerte con su cultura originaria, interiorizándose aún más en las celebraciones como el día de los pueblos indígenas y de la mujer indígena, entre otros. En el ámbito familiar continuó con el ritual para armar la mesa con alimentos que les gustaban a sus difuntos, en la que siempre hay algo especial para ellos.

En su ruta laboral jamás se ha sentido discriminada. Actualmente trabaja en Putre, en la Municipalidad, contratada por un convenio con la CONADI, donde es la encargada técnica. Siempre ligada a la comunidad indígena, donde debe canalizar sus necesidades, para apoyarlos con diversas iniciativas. Ha sido una conexión relevante, porque desde ahí ha podido ser testigo e impulsora de proyectos, que han servido para mejorar la calidad de vida de quienes están lejos de los centros urbanos, es una de las razones por las que se siente feliz. Le encanta aprender más de su cultura y la experiencia de los adultos mayores, con los que conversa y comparte momentos que valora.

Vida con sentido
Shirley está orgullosa de ser aymara. Lo que más le hace sentido en esta cosmovisión en la que habita y se nutre es la vida animal, de la que se extrae carne y vestimenta con pertinencia andina, también los alimentos cultivados sin químicos, lo más naturales posibles, como era antes.

Para esta profesional del área de la informática, con una gran capacidad de emprendimiento familiar, la cultura Aymara estará latente siempre y cuando cada uno de sus integrantes vivan las costumbres y las vayan traspasando generacionalmente. Percibe que la gente está alegre de vivir las tradiciones, lo ve reflejado en los jardines y colegios, donde se celebran diversas festividades.

Su cultura ancestral es muy enriquecedora en todo el ámbito de la palabra, desde sus costumbres, hasta sus comidas y alimentos, siendo estos últimos unos de los más importantes, pues se ve el sacrificio y esfuerzo del agricultor, en pleno vínculo con la tierra.

Desde hace un tiempo está aprendiendo palabras básicas en aymara, que le va enseñando su compañero de trabajo, Dionel Cruz. Baila tinkus, morenada y por Socoroma, en el Carnaval con la Fuerza del Sol. Pero su baile más importante es con el que agradece haber terminado su carrera universitaria, en la Sociedad Religiosa Bolivianada Santa Cecilia de Arica de la Asociación San José, siendo devota de la Virgen del Carmen.

Hay mucho que agradecer, a sus dos padres de amor, a su madre-abuela, a su madre-tía, a su capacidad para ser alguien en la vida, a sus compañeros perrunos Monky y Thor, que adora y son como sus hijos. Estar feliz, en paz y realizada solo puede expresarse por los ojos emocionados, por esta historia que nace en Visviri, por los recuerdos de ese beso eterno de despedida en la frente antes de dormir, de quien no era ni su madre ni su abuela biológica, pero que fue mucho más que todo ello junto. Le brillan los ojos y se expande su alma cuando piensa en los lazos de amor de su familia, en su vida, en su trabajo, en su reciente emprendimiento de pastelería. Shirley sonríe, porque la vida es realmente bella.

Nota de la Dirección
“Warmi: La mujer aymara en su territorio”, es un proyecto financiado por el Fondo de Medios del Ministerio Secretaría General de Gobierno 2020 y el Consejo Regional de Arica y Parinacota, cuya investigación y redacción, corresponden a la periodista Ada Angélica Rivas y se publicará los días lunes y jueves durante todo el mes de agosto.

Junto a Ada Rivas, existe un equipo multidisciplinario que permite la publicación del proyecto, integrado por Robert Cornejo, Víctor Olguín y Francisco Soto, quienes son apoyados por personal permanente de AricaMia.