La columna de Barbarella: “Gato por liebre”

Tenía un rostro atractivo, de hombre rudo y siempre andaba cuidadosamente vestido. Yo era amiga de su hermano, diseñador de interiores, y él era un conocido gestor cultural. Un día nos fuimos de copas y quesos azules, con buena música y quedamos todos conectados, pidiendo una segunda junta. Y claro, el encuentro vino de la mano de una velada interesante, con baile incluido y otro integrante, pareja del diseñador, mi mejor amigo hasta hoy.

Yo estaba acostumbrada a ver películas y armar carretes de a tres, al medio de los dos homosexuales, más ricos que el pan con chancho. Y ese día, tuve que bailar con el gestor cultural, y al lado nuestro la pareja de homosexuales se agarraban hasta el poto, y así fue como contaban la plata entre los pobres y mi pareja circunstancial se motivó y me besó, debo admitir que lo hacía bien.

Tenía unas manos grandes y una voz que además de un lindo timbre emitía conversaciones admirables. Ahí empezó todo, esa noche fue de Sodoma y Gomorra. Empezamos a tener una onda interesante, pues además del sexo había conversa de tal nivel, que parecía una weona preguntando quien era el personaje o el tema que ponía en la palestra.

Sin querer me convertí en una patas negras, porque no tenía idea que según él “venía saliendo de una relación”, aunque según una mina que apareció en escena, aún era su pareja. Sospechosa la situación. Me metí al Facebook de la mina y era tirando para mayorcita y de caracho ahí no más, sólo que tenía una billetera abultada, con la que entiendo le pagaba los viajes al personaje en cuestión.

Quedé tan decepcionada, aunque lo peor vino después. La mina me ubicó, me insultó de lo lindo y más encima me prometió una funa de padre señor mío. Yo molesta me dirigí al departamento del señor de bonitas palabras y abrí la puerta sin tocar, porque me había pasado hasta las llaves.

Estaba bañándose con una gorra de plástico rosada, eso vi en primera instancia, luego enojada y con el derecho que sentía a tener una explicación, abro la cortina del baño y aparece un conocido personaje de las comunicaciones con la misma gorra plástica rosada y una esponja llena de jabón.

Los minos dieron un grito y yo horrorizada di otro más fuerte. Parece chiste pero no lo es, el hermano de mi mejor amigo andaba jugando dos partidos a la vez, digamos mejor tres. Andaba con la mina que le financiaba una vida de placer, con un homosexual que oficia de periodista y además me andaba cortejando a mí. Desde ese día nunca más le hablé, que fuera bisexual me tenía sin cuidado, o era homosexual y quería pasar piola, nunca supe su verdadera identidad, pero es re fome encontrarse con estas sorpresas.

Me fui a llorar al hombro de mi amigo gay, pero el maldito no me dejó nada claro, para mí que le tapaba algo más a su hermano. Me pasaron gato por liebre.

Barbarella