Estudiarán el desarrollo de estudiantes Aymara durante su transición de un entorno rural a uno urbano

La investigadora de la UTA, Andrea Alvarado, se adjudicó financiamiento Fondecyt para un proyecto dirigido a comprender cómo los estudiantes del Valle de Azapa construyen y expresan sus identidades y cómo el cambio del contexto escolar influye en estos ámbitos.

El cambio de la enseñanza básica a la enseñanza media es un paso que todo estudiante debe dar, sin embargo, esta transición educativa puede traer consigo una serie de significativos cambios culturales, étnicos y sociales cuando se trata de pasar de un establecimiento rural a liceos urbanos, siendo justamente este tópico el centro de la investigación de Andrea Alvarado, profesora e investigadora de la Universidad de Tarapacá (UTA), quien logró la adjudicación de fondos Fondecyt para el desarrollo de su proyecto “Jóvenes en transición: identidades étnicas y formación de capitales en estudiantes Aymara de escuela básica rural, que transitan hacia liceos urbanos en Arica, Chile”.

La académica explicó sobre la iniciativa que “los y las jóvenes Aymara del valle de Azapa pasan de asistir a una escuela en que su identidad étnica es un componente central de la cultura mayoritaria, a otro establecimiento en que esa identidad juega un rol mucho menos influyente. En otras palabras, estos estudiantes pasan de una escuela en que “todos son indígenas” a otra en que “ellos son los indígenas”. El principal interés de este proyecto es mejorar nuestra comprensión de la relación entre auto-percepciones (por ejemplo, la identidad étnica) y la movilización de recursos no materiales (por ejemplo, el capital social y cultural). Me interesa poder explicar cómo esta relación se ve afectada por el contexto cultural en el que los agentes interactúan”, dijo Alvarado.

De este modo, el proyecto, que es parte de una de las 18 iniciativas de la UTA que recibieron recursos del Fondecyt, realizará un seguimiento de un grupo de estudiantes Aymara que completan su educación básica en una escuela rural del Valle de Azapa, para luego continuar su educación media en un liceo urbano de Arica, donde la investigación buscará comprender cómo los estudiantes construyen y expresan sus identidades; así como explicar cómo las identidades y recursos no materiales de los alumnos se asocian entre sí, para luego explicar cómo la transición desde un contexto rural de mayoría Aymara hacia otro de minoría Aymara afecta esta relación.

Sobre este proyecto, el director de Investigación, Postgrados y Transferencia Tecnológica de la Universidad de Tarapacá, el dr. Rodrigo Ferrer, expresó la importancia de este tipo de investigaciones y orgullo por los proyectos Fondecyt adjudicados este 2022, que consagra a la casa universitaria con la mayor cantidad de iniciativas obtenidas en todo el norte de Chile. “Como universidad estamos realmente muy contentos con los resultados en general, ya que hemos liderado de Santiago al norte, adjudicándonos 10 Fondecyt regulares, 6 Fondecyt de iniciación, 2 Fondecyt Postdoctorales y 4 proyectos de Inserción en la Academia, y con esto, además, de ir posicionándonos como una de las mejores universidades regionales, nos permite contribuir al desarrollo local poniendo la ciencia al servicio de las complejidades sociales que afectan a la comunidad, contribuyendo a visibilizar falencias, desde la más rigurosa investigación científica, con el objetivo de construir un mejor espacio para las futuras generaciones”.

El rol clave de la multiculturalidad
Alvarado expresó que la importancia de este estudio, que continúa los trabajos de académicos como Carlos Mondaca y Raúl Bustos sobre educación multicultural y la incorporación de infancias y juventudes migrantes e indígenas en el sistema de educación, recae en que “la incorporación efectiva de grupos históricamente marginados en el sistema educacional resulta no solo un imperativo ético, sino una necesidad desde el punto de vista de la superación de las brechas educativas. A su vez, la reducción de las brechas en educación se asocia con la disminución de la desigualdad, y con la generación de mayores oportunidades de desarrollo para la región”.

Ian Condori es un joven que pasó su educación básica en la escuela Darío Salas, ubicada en el Valle de Azapa, para luego pasar a la educación media en el Liceo Octavio Palma Pérez, llegando a ingresar a la carrera de enfermería en la UTA, posteriormente. Durante su experiencia en este proceso, Ian contó que “nos enseñaron todas las tradiciones del valle, tuvimos facilidades en el transporte, pero no nos enviaban muchos trabajos grupales porque las distancias entre compañeros podían ser muy grandes. Como mi hermana estudió siempre en la ciudad, tanto básica como media, siempre pensé en estudiar en el A-1. En mi caso particular, no tuve un gran impacto porque mi familia ya se relacionaba con la ciudad, mi mamá sabía lo sacrificado que era el levantarse a las cinco de la mañana para ir al colegio y nunca le gustó que nosotros viviéramos lo mismo, pero sí tuve compañeros que tuvieron más dificultades, que no conocían los recorridos de las micros o que su trayecto era del valle al liceo y del liceo al valle solamente por medio de los colectivos amarillos. En el liceo comencé a relacionarme con otros compañeros y a ellos nunca les importó que fuera del valle, eso quedó un poco atrás, pero si tuve la idea de que había una separación entre el valle y la ciudad, más que nada por la televisión, donde creía que podía haber incluso bullying, pero creo que es una buena forma para que la gente de Arica pueda aprender lo que viven los niños del valle”, señaló.

Por su parte, la directora ejecutiva (S) del Servicio Local de Educación Chinchorro, Julia Orostegui, comentó que “es tremendamente importante este tipo de estudios o investigaciones, es trascendental conocer la realidad de nuestros estudiantes, cuantificar datos y evaluar por parte del Servicio Local la realidad de muchos estudiantes de escuelas rurales, que, terminada su enseñanza básica, acceden en la mayoría de las veces, a la educación media en gran parte en establecimientos de la ciudad. Muchos deben cambiar hasta su forma de vida en lo urbano. Influye el proceso de cambio de tradiciones, costumbres, estilo de vida, el asociarse con más gente, recordemos que las escuelas rurales tienen un número bajo de estudiantes, a diferencia, de éstos, cuando se enfrentan a la educación urbana, la sociabilización es otra, más gente, diferentes estilos, caracteres, pero para el docente también es un desafío y para nuestro Servicio Local, que el proceso de adaptación de los estudiantes sea lo más sensible posible, el mantener sus tradiciones, su estilo de vida, que el cambio no sea brusco porque es enfrentarse a una realidad muy diferente a la que vivieron durante su enseñanza básica en la ruralidad”.