En Arica el lanzamiento de la campaña ¡Cuidado! El machismo mata 2019

El lanzamiento de la campaña ¡Cuidado! El machismo mata 2019, en su décimo tercera versión, se enmarca en periodos de continuas movilizaciones feministas y un avance en la desnaturalización de todas las expresiones de violencia contra las mujeres.

Particularmente, el último año ha estado marcado por la proliferación de organizaciones gremiales, territoriales y comunitarias que, posicionadas desde el feminismo, han centrado su acción política principalmente en la denuncia contra la violencia machista y en la afirmación de las mujeres como sujetas autónomas y transformadoras.

En ese mismo sentido, organizaciones sociales han iniciado procesos de reflexión, diálogo y transformación con el objetivo de incorporar el feminismo, no tan sólo como simple perspectiva, sino como elemento central en las luchas contra las estructuras de dominación.

El actual proceso de reflexión y articulación entre diversos movimientos sociales nos permite identificar elementos estructurales en la violencia que se perpetúa contra mujeres, disidencias sexuales, cuerpos racializados, personas empobrecidas y migrantes.

La economía capitalista – extractivista, el régimen de dominación patriarcal y la construcción social profundamente racista y colonial que aún cargamos los pueblos del hemisferio sur, constituyen los cimientos que sostienen nuestra sociedad. En este contexto, la articulación entre movimientos sociales posibilita la construcción de una alternativa que tienda a la transformación de las estructuras de opresión y dominación en defensa de la vida.

Los movimientos feministas y de mujeres hemos avanzado construyendo una prefiguración de la sociedad que queremos, en el presente. En todos los espacios en los cuales desarrollamos la vida –familiares, de amistad, de pareja, organizacionales, laborales, educacionales, etc.– se han instalado cuestionamientos que buscan modificar las prácticas que perpetúan las relaciones de poder desiguales, buscando nuevas y retomando antiguas maneras. Ejemplos de esos “pequeños espacios de rebeldía”, como los llamó Julieta Kirkwood, son la denuncia de la violencia sexual que se ha ejercido en diversos espacios institucionales estudiantiles o laborales, así como las incipientes pero significativas propuestas de otro tipo de economía: sustentable, transformadora, solidaria y feminista.

Hemos sido las feministas quienes hemos puesto sobre la mesa de los movimientos sociales la necesidad de construir formas de hacer política. No necesariamente perpetuando los roles de género y cuidado que nos han sido socialmente impuesto, sino que adueñándonos todos los espacios y removiendo los límites que nos señalan un único lugar de pertenencia.

Durante este sostenido periodo de movilizaciones, las feministas de diversos territorios – locales, nacionales, latinoamericanos– hemos comprobado que somos más una ola que va y viene. Somos una marea que desborda, inunda y desarma estructuras.

La información contenida en este documento busca contribuir en la comprensión no sólo cuantitativa, sino también cualitativa de la violencia patriarcal que existe en el país y sus reales dimensiones en los cuerpos y las vidas de las mujeres que habitamos este territorio.

Porque estamos seguras que para transformar es necesario nombrar, comprender y visibilizar.

Es preciso advertir que las siguientes estadísticas presentan el sesgo de un Estado que no reconoce la violencia contra las mujeres y, por lo tanto, no genera herramientas apropiadas para su registro, comprensión ni mucho menos para prevenirla y erradicarla. El Estado es uno de los mayores productores y reproductores de la violencia patriarcal a través de todas sus instituciones y aparatos. La negligencia y desidia con la que se investigan los crímenes contra mujeres, la continua fragmentación de la violencia machista a través de leyes parciales que impiden reconocer el continuo de violencia al cual estamos expuestas las mujeres durante la vida y los nulos recursos que se destinan a prevenir crímenes como los femicidios, agresiones sexuales y violencia intrafamiliar, son sólo algunas de las situaciones que lo grafican.

Consideramos fundamental y urgente que el Estado chileno cumpla con las obligaciones establecidas en la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer Belem do Pará firmada por Chile en 1994 y ratificada en 1996, en donde el Estado se impuso la obligación de establecer políticas públicas efectivas en la prevención, sanción y erradicación de la violencia contra mujeres en la sociedad, así como proveer las garantías necesarias para el debido acceso a la justicia oportuna y eficaz, entre otros compromisos. A más de 20 años de la ratificación de estas responsabilidades, Chile ni siquiera reconoce la violencia contra mujeres como un problema del cual debe hacerse cargo.

Es por ello que proponemos una lectura crítica de las cifras que se presentan a continuación, muchas de las cuales no consideran contextos elementales, como condición de pobreza, de ruralidad, pertenencia a una comunidad indígena, migrante o afrodescendiente, orientación sexual, expresión de género, entre otras.

Con el fin de recabar un contexto lo más completo posible, este Dossier Informativo 2018-2019 considera también una serie de documentos, estudios y artículos elaborados por organizaciones sociales y feministas que, a través de la propia experiencia, entregan elementos fundamentales para comprender la situación en la que viven las mujeres en Chile.