El drama de las trabajadoras a honorarios: ¿Jefa sin alma o ciencia con alma?

Por Ada Angélica Rivas

Estaba realmente feliz. La oportunidad de trabajo que me ofrecieron me iba a dar la posibilidad de obtener un sueldo acorde a mi calidad profesional, me serviría para ahorrar y armar mis propuestas de emprendimiento, a las que les faltaban recursos frescos; además, cerrar un ciclo en el ámbito público, con un sabor dulce, porque todo auguraba un final feliz.

Pero partí mal, ya que la jefa me pidió que iniciara medio mes antes mis labores, utilizando mi talento y tiempo sin remunerarme. Como recién ponía mi profesión al servicio de una pega en un proyecto del ámbito científico, no exigí nada y seguí con puntos suspensivos, imaginando que cuando llegaran los recursos me irían a dar lo que me adeudaban. Nunca ocurrió.

Llegó la primera Navidad en la oficina y el almuerzo fue el momento en que hablé en nombre de los colegas, todos mudos, muchos ya conocían el modus operandi de quien lo dirigía, y yo como pajarito nuevo le tiré puras flores, porque para hacer justicia armó un equipo de gente talentosa, quienes al final hacían la pega, mientras ella operaba desde un control remoto.

El hermoso proyecto y sus integrantes no tenían mucho que ver con los manejos sutiles y otros más notorios, que por debajo iban dejando heridos en el camino. Era una práctica pedirnos más tareas que las que correspondían, algunas fuera de horario y en días festivos, sábado y domingo, hasta en Navidad. Pero también había ofertas de pago extra. En mi caso, la jefa me pidió dos libros para el proyecto por sumas definidas, trabajo que realicé fuera de horario y en fines de semana de muchas amanecidas, lo que nunca fue pagado.

Se entiende que como periodista además había desarrollado varios libros, dossieres, revista, notas y publicaciones en redes sociales, como arbolito de pascua. Pero la ambición desmedida, por ser mejor y estar más visible que la propia autoridad de la institución que albergaba y alberga esta iniciativa, generó una tremenda presión de esta jefa para competir con todos y se logró. Un proyecto pequeño, pero con hartos recursos del Estado (250 millones anuales) sin gastar un peso en publicidad, logró posicionarse como ningún otro.

Después de tres años y medio continuados, en pleno ascenso en calidad y cantidad de informaciones creativas y con contenido dignos de lectura, la jefa me bajó los honorarios con mentiras de por medio, aduciendo que era una orden de Santiago. Según ella, este proyecto desarrollado en Arica, que dependía en ese entonces de Conicyt, hoy del Ministerio de la Ciencia, tenía una indicación para los honorarios de periodista, lo cual nunca fue así, ya que la Resolución aprobatoria de las Bases de este Proyecto Asociativo Regional Explora no indicaba nada en torno a los honorarios de los profesionales.

El tema es largo, está matizado de abusos y acosos laborales, mentiras, aprovechamiento profesional y económico en beneficio de quien lo dirigía. Pues los talentos del equipo al servicio de este proyecto dieron frutos en campañas, presidencias y el afán de querer estar en primer plano de la jefatura y su familia.

Hay situaciones burdas, como, por ejemplo, que la jefa, que además es académica universitaria, aún directora de este proyecto y otros que en forma paralela va desarrollando con la misma gente, me pidiera que le transfiera mi viático, en un viaje particular en que ella no iba a nombre del proyecto ni de la institución. No sé con qué excusa sacó a tres profesionales por varios días, incluyéndome, para ir a Chillán a trabajar para su presidencia de la Sociedad Chilena de Estudios Regionales. Por supuesto, quiso un libro y tuve que hacerlo, ocupando largas horas y días extras, sin pago alguno.

Esta experiencia tiene varios capítulos, pero en resumen llegué hasta la Contraloría Regional, quienes acogieron la denuncia, considerando que había varios tópicos que analizar. Entre ellos: incumplimiento de funciones, materias relativas a personal y remuneraciones, irregularidades en ejecución de contratos, irregularidades de orden financiero, faltas a la probidad, acoso laboral, prestación de servicios impagos y contrato de familiares de la jefa del proyecto.

La respuesta de la Contraloría después de un par de meses de análisis de cientos de pruebas, es que “No procede pago de horas extraordinario a servidora a honorarios cuyo contrato no incluyó dicho beneficio”. Solicitando que la Universidad que acoge a este proyecto “deberá continuar con el procedimiento disciplinario destinado a investigar las irregularidades denunciadas”. Estoy decepcionada con la respuesta, esperaba más. Ser honorarios es como la escoria laboral, pueden abusarnos y nada podemos hacer.

¿Por qué no detuve el abuso en el momento que se inició? Quien esté en el lugar de una trabajadora a honorarios, iniciando un contrato, difícil que le diga a su jefa, “momentito”… Menos aún si los integrantes de la oficina parecen monitos chinos indicando a todo que sí; menos aun cuando las amenazas veladas o en forma de chiste andan a la orden del día; menos aun cuando algunos zalameros le hacen masaje en la espalda a quien necesitan para sobrevivir, mientras están esperando otro trabajo para irse.

Dejé a una colega en reemplazo porque terminé enferma con depresión laboral, con media jornada, para dejar que pasara el tiempo y se hiciera un trabajo interno, pues el ambiente estaba podrido. Un día cualquiera apareció una resciliación de mi contrato que indicaba que “nada me adeudaban”. Fue un chiste que no firmé.

El tiempo pasa, el coronavirus nos afecta a todos y los procesos son lentos, más aún las investigaciones sumarias, muchas de las cuales no llegan a ningún lado. Y la impotencia de una empleada a honorarios, es la de muchos que son parte de la población descontenta, porque las entidades no logran hacer justicia. En las ciudades chicas como Arica, todos se conocen y el tráfico de influencias, las hermandades y lealtades mal entendidas también operan. Pero nunca es tarde para creer en la verdad, en que alguien sea profesional y separe lo personal, porque yo lo logré, no tengo mala onda con nadie de mis compañeros, pues sé que hay presiones por mantener un trabajo, con plata del Estado, pero a veces en manos equivocadas.