Cómo diseñar un espacio para el estudio

espacio_para_estudiarLa Directora de la Escuela de Diseño de Interiores de la Universidad del Pacífico, Carolina Montt, señala que la buena iluminación es la primera condición ambiental que hay que considerar, ya que con ella está demostrado que no solo se tiene mejor rendimiento, sino que se evitan problemas visuales futuros. “Cualquier espacio de estudio debe tener iluminación general, sin embargo, las fuentes de luz deben ubicarse de tal manera que eviten deslumbramientos o reflejos molestos sobre la superficie de estudio. Lo ideal es que la luz se distribuya homogéneamente en todo el campo visual”, explica.

En la práctica, recomienda que la iluminación del área de estudio pueda acompañarse de una lámpara dirigida. “Lo más adecuado es una lámpara articulada con una ampolleta de 60 W de tonalidad azul y otra ambiental que ilumine el resto de la habitación, para que no haya demasiado contraste. La luz debe entrar por el lado contrario de la mano con la que escriba la persona, para no hacer sombras, y cuidando que no se proyecte directamente sobre los ojos. Se sugiere, además, no utilizar luz fluorescente, ya que estudios han demostrado que este tipo de iluminación puede producir cansancio y estrés”, comenta.

Ahora, si se dispone de luz natural, Carolina Montt indica que idealmente las ventanas deben disponer de elementos de protección regulables, que impidan tanto el encandilamiento como el calor provocado por los rayos del sol.

Otro de los factores a analizar es la acústica, ya que esta influye directamente en la capacidad de concentración. “No todos los ruidos son igualmente molestos ni distraen en la misma medida. Los ruidos intermitentes son mucho más molestos que los constantes. Por esta razón es aconsejable ubicar el área de estudio lo más alejado de las fuentes de ruido, especialmente de las zonas de conversación, pues la voz humana es la principal fuente de distracción”, indica.

Pero, ¿qué pasa con la música? “Si bien la música es desaconsejable para actividades que requieran una gran concentración, podría ser conveniente como fondo para contrarrestar los ruidos del exterior”, precisa Montt.

Respecto a la temperatura, la Directora de Diseño de Interiores de la U. del Pacífico dice que, dentro de lo posible, se debe tratar de controlar la temperatura ambiental. “Aunque no es fácil controlar este factor, sobre todo en verano, sí es conveniente saber que las investigaciones realizadas indican que para la actividad mental la temperatura ideal ronda entre los 19 y 22 grados. Por encima o por debajo de estos valores, se producen efectos indeseables: el frío produce inquietud; el calor, sopor e inactividad. Por lo tanto, los dos dificultan la concentración”, comenta.

En el mercado existe una variedad alternativas para regular el control de la temperatura ambiental, que van desde ventiladores, cortinas y persianas, hasta equipos de aire acondicionado o climatización. Si bien estos últimos implican una mayor inversión, Carolina Montt plantea que son más efectivos.

Mobiliario
Está claro que lo mínimo es contar con una silla de respaldo recto, una mesa con la amplitud necesaria para disponer cómodamente el material de estudio y estantería para colocar libros, carpetas y útiles de escritorio. Si bien esos elementos son suficientes para propiciar una situación activa ante el estudio, la experta dice que también es necesario considerar otros factores como el diseño ergonómico y material del mobiliario.

“Su elección debe contemplar, por ejemplo, las dimensiones corporales del usuario. Si una silla no permite apoyar los pies y estos quedan colgando, la persona va a notar molestia y cansancio, dificultando los niveles de rendimiento y concentración. Para ellos existen las sillas cuya altura puede ser regulable. Lo mismo para el escritorio; su altura y espesor debe permitir colocar las piernas bajo él cómodamente, teniendo como superficie mínima 1.20 por 0.80 metros”, señala.

Sugiere también que el asiento de la silla sea acolchado de 20 mm., recubierto con tela flexible y transpirable. “Su respaldo debe permitir el apoyo lumbar y ser regulable en inclinación. Los que son altos permiten un apoyo total de la espalda y por ello la posibilidad de relajar los músculos y reducir el cansancio, por lo que son más recomendables”, acota.

El alto de la mesa también es importante. “Si la mesa es demasiado alta, tendremos que levantar la espalda con el consiguiente dolor en los omóplatos; si por el contrario es demasiado baja, nos forzará a curvar la espalda, produciendo posteriormente dolor muscular. Si se va a utilizar un computador o notebook, es necesario que la superficie se ubique levemente más baja que la altura de los codos, mientras que si solo se va a utilizar libros y cuadernos, su altura óptima es propiamente la de los codos. Esto se puede solucionar fácilmente con una silla regulable, que si bien tienen mayor costo, nos permitirá tener mejor nivel de rendimiento y concentración”, añade.

Por otra parte, Carolina Montt recomienda que la superficie del escritorio sea de un material mate y color claro. “Las superficies brillantes producen cansancio visual, que aumenta cuando se usa luz artificial. Las superficies vidriadas no son aconsejables, dado que todos los ruidos rebotan en su superficie, especialmente los de los objetos que movemos. Además, algunos tipos de vidrio no favorecen al confort térmico, ya que en invierno parecen heladas, mientras en verano se calientan, especialmente si se usa una fuente de luz próxima”.

Finalmente, recomienda contar con una pizarra o superficie de corcho próxima al puesto de estudio. “Esta facilitará tener una planificación de las actividades, horarios, fechas importantes y otras ayudas para mejorar hábitos de estudio, además de permitir su personalización”, concluye la Directora de Diseño de Interiores de la Universidad del Pacífico.