Bioarqueóloga Dra. Vivien Standen expuso evidencias de la violencia en los primeros poblamientos en el extremo Norte de Chile

“Las sociedades humanas contemporáneas requieren mirar el pasado para identificar los orígenes de la violencia social y fortalecer valores que promuevan la empatía, la tolerancia, la diversidad y los mecanismos de resolución de conflictos”, destacó la bioarqueóloga.

Con más de 150 espectadores en línea, este jueves 20 de agosto se realizó una nueva jornada del ciclo de charlas con la temática “Vida y muerte en pueblos prehispánicos”, que organiza el Instituto de Alta Investigación (IAI), con la colaboración de la Dirección de Extensión y Vinculación con el Medio de la Universidad de Tarapacá (UTA) y el Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo (IIAM) de la Universidad Católica del Norte (UCN). En esta oportunidad, la investigadora y académica del Departamento de Antropología de la Universidad de Tarapacá, Dra. Vivian Standen, presentó el tema “Violencia y conflicto en el Desierto de Atacama”.

Junto con agradecer la invitación, la Dra. Vivien Standen, centró su ponencia en la violencia en cazadores – pescadores – recolectores y los primeros horticultores del Desierto de Atacama, 900-1500 AP, destacando que, “esta problemática de la violencia se enmarca en un proyecto de investigación donde queremos evaluar la evolución o trayectoria de la violencia desde las primeras poblaciones que habitaron en el extremo norte de Chile hasta el período incaico”.

En su ponencia, consideró distintas perspectivas para tratar la violencia como la materialista, enfocada a obtener bienes, territorio u otras ganancias, la cual incrementaría con el crecimiento demográfico y la complejidad social; la perspectiva Ecológica, la cual fluctuaría en función de la disponibilidad de recursos para la subsistencia. Desde la Sociobiología, hay otra arista, la cual sería inherente a la condición humana y cuya ventaja evolutiva aportaría al éxito reproductivo y, desde la perspectiva de las Lógicas Culturales, que contempla venganzas, brujería, hechizos, robo de mujeres, adulterios, entre otros.

Desde un enfoque más materialista, la Dra. Vivien Standen explicó que, “la violencia en cazadores – pescadores – recolectores habría sido infrecuente debido a una estructura social igualitaria, bajos niveles de conflictividad interna y donde habrían prevalecido conductas de cooperación y una ideología del reparto. En contraste, entre los horticultores se podría incrementar la violencia debido a la complejidad y desigualdades sociales y también la competencia por acceso a tierras productivas y agua en ambientes restrictivos como lo es el Desierto de Atacama.

“El enfoque que empleamos para estudiar la violencia es un enfoque bioarqueológico, es decir, estudiamos los cuerpos para buscar evidencias de trazas de violencia con traumas craneanos, en el post-cráneo axial, en extremidades superiores y en puntas de proyectil en tejidos blandos o en los huesos. Cuando estudiamos cuerpos que conservan los tejidos blandos como sucede en el Desierto de Atacama, podemos observar fracturas expuestas, heridas perforantes en tórax y abdomen y puntas de proyectil en tejidos blandos o huesos”, señaló la investigadora.

También se refirió a la Cultura Chinchorro, “nuestros cazadores – pescadores – recolectores tienen su identidad, la cual es la Cultura Chinchorro, quienes habitaron entre el 9000 – 3500 años AP, ocuparon los oasis costeros, desarrollaron una tecnología marítima especializada, explotaron un amplio rango de recursos, semi-sedentarismo con movilidad logística y desarrollaron complejas prácticas mortuorias”.

En esta línea, la Dra. Vivien Standen, se describió los factores gatillantes de la violencia, indicando que en los cazadores – pescadores – recolectores Chinchorro la violencia no varió durante milenios, independiente del incremento poblacional y la complejidad social, sin embargo, la violencia se mantuvo invariante. “Las conductas violentas fueron una más de las estrategias socio-culturales, probablemente usada como una forma de estabilidad social siendo una violencia endémica. En los horticultores (Azapa-Alto Ramírez), la competencia por recursos escasos en ambientes extremos como la tierra para cultivar, acceso y control del agua para irrigar, etc., fenómenos asociados de ENSO que se intensifican en la transición Arcaico-Formativo y desigualdades sociales que pudieron disparar la violencia letal que no registramos en cazadores – pescadores – recolectores”.

Finalmente, la investigadora Dra. Vivien Standen, entregó sus reflexiones finales: “la vida social de las poblaciones prehispánicas del Desierto de Atacama, no fue totalmente armónica. Ni la visión romántica de Rousseau, ni la visión del Leviatán de Hobbes, pero cuando surge la “apropiación” de la tierra, es decir, las desigualdades sociales, la violencia letal irrumpe. Las sociedades humanas contemporáneas requieren mirar el pasado para identificar los orígenes de la violencia social y fortalecer valores que promuevan la empatía, la tolerancia, la diversidad y los mecanismos de resolución de conflictos”.