A 23 años del “Chinchorrazo”

Eran aproximadamente las cinco de la madrugada del 2 de enero de 1996. La ciudad aún a oscuras, sin las muestras previas de asomo del astro rey. La quietud del amanecer se vio roto por un potente motor y dos intensos focos que se iluminaron a la altura de una de las bombas de servicios de la costanera norte, hoy Santiago Arata y avanzaron de norte a sur resueltamente. Un enorme cargador frontal en menos de cinco minutos hizo trizas cunetas y resguardos del incipiente camino a Tacna de una sola vía. Comenzaba una de las historias y la solución a un grave problema de tránsito vehicular.

Por acuerdos y respetos internacionales mal entendidos, Arica, había sufrido en silencio una estrechez vial que nadie se había propuesto solucionar. Que esos terrenos pertenecían al fisco peruano y que prácticamente eran intocables, para no herir la susceptibilidad del vecino país, aunque conforme a derecho, el hecho que el terreno pertenecía irregularmente – de esto nos haremos cargo en otra oportunidad – al fisco peruano, esto significaba que era expropiable, embargable, etc.. Así las cosas hubo una decisión que tomar, la que estuvo a cargo del alcalde Iván Paredes, quien con un año de anticipación, pidió a las autoridades nacionales de aquel entonces la solución de ese problema vial, que había dejado muertos y heridos en una barrea metálica, donde de dos vías, se estrechaba a una sola. Tampoco se contó con la compresión del Perú, en solucionar un problema de una carretera que unía a Chile con ellos.

Nunca hubo solución ni respuestas a la petición del alcalde chileno, quien en una actividad con el canciller chileno de aquel entonces, el actual senador por Arica y Parinacota, José Miguel Insulza, le dijo “No se preocupe alcalde, antes de fin de año le solucionamos el problema”.
– “Si no hay respuesta, lo hago yo”, respondió Paredes.
– “Bueno”, respondió el canciller.

En medio de este coloquio se escuchó la voz del por aquel entonces senador por la región, Sergio Bitar: “Huevón, este gallo lo va a hacer”.

Y pasó el tiempo y llegó fin de año, y el 2 de enero del 96, comenzó la pavimentación del Chinchorro, pese a los esfuerzos de Eduardo Martinetti, cónsul del Perú en Arica, para evitar lo inevitable.

La noticia corrió como reguero de pólvora. Arica era el centro de la atención nacional primero e internacional después. Las radios de la capital comenzaron a transmitir en directo lo que estaba ocurriendo en la frontera norte del país. Los ariqueños que se desplazaban a esa hora por el sector hacían sonar sus bocinas en aprobación a la decisión edilicia.

Con este hecho quedaba demostrado que el fisco peruano, debía someterse a las leyes chilenas y que ese terreno no es un enclave sujeto a inmunidad diplomática de ningún tipo y que los favorecidos con la medida, eran tanto chilenos como peruanos, ya que habilitaba una segunda vía de la carretera, precisamente que une a Chile con Perú.

Hoy el desplazamiento vehicular es normal, con una amplia carretera de doble vía y que suprimió definitivamente una mortal barrera que indicaba el fin de la pista norte-sur.