Volvió a su natal Ticnamar para defender las tierras comunitarias y potenciar el turismo

Merita Huanca Quispe

Merita Huanca Quispe ha hecho de todo, por lo que reconoce que “no hay imposibles en vida”. Hoy está en la etapa final de la habilitación de un centro de hospedaje en el pueblo precordillerano de la provincia de Parinacota.

“Manq’asiñani”, que en aymara significa “comeremos acá”, es el nombre del centro de hospedaje de la emprendedora Merita Huanca Quispe que está en plena fase de remodelación en la localidad de Ticnamar, comuna de Putre.

La infraestructura considera 7 habitaciones, 7 baños, cocina, bodega, comedor y lavandería; parte de esa inversión Merita la postuló con éxito a la bonificación del 20% a la compra de bienes de capital (DFL-15), “por lo que el dinero que me devolverá el Estado lo utilizaré para implementar cada una de las piezas de mi recinto, que espero comience a funcionar completamente como hospedaje, restaurante y camping”, precisó.

Esta mujer aymara ha puesto en práctica todo el conocimiento en torno al turismo de intereses especiales gracias a las capacitaciones recibidas en la Escuela de Negocios Sustentables Qhapaq Ñan y el Programa Territorial Integrado del mismo nombre, ambos financiados por Corfo. “Me considero luchadora y arriesgada, por lo que no hay nada en la vida que no se pueda alcanzar. Así que mi llamado es a no rendirse con la primera caída, porque siempre habrá otra oportunidad”, subrayó.

Identidad perdida
Merita es originaria de este pueblo ubicado a 129 kilómetros al este de Arica, en la comuna de Putre. Sin embargo, antes de cumplir 2 años falleció su padre por lo que su madre y hermanos emigraron a la ciudad en busca de oportunidades, vendiendo sus terrenos (chacra) en Ticnamar.

Pero a los 14 años cumplió el sueño de volver a este poblado de precordillera. Esta vez para disfrutar sólo con las celebraciones de las fiestas ancestrales y luego regresar a Arica. “Fue amor a primera vista”, dijo sobre todo por su cosmovisión aymara, a pesar que no estaba arraigada a su raíz indígena: “Cuando joven no me gustaba decir que era de Ticnamar y desconocía que mi identidad es aymara”.

Todo cambió al escuchar a un abuelo de su pueblo en una reunión de la comunidad debido al litigio por la propiedad de las tierras de Ticnamar. “Las palabras dichas desde el corazón de un adulto mayor de Ticnamar me emocionaron, generando en mí una pasión por defender a mi natal pueblo, razón por la cual acepté ser la presidenta de la comunidad aymara de Ticnamar, a pesar que en esa época vivía en Arica y desconocía la cosmovisión aymara”.

A principios del 2000 esta ticnameña se inicia prácticamente de casualidad en el turismo. “Un representante de una empresa, que realizaba trabajos cerca de la zona, me reclamó: ‘Cómo era posible que no hubiese ningún alojamiento en Ticnamar’. Les ofrecí en arriendo mi casa para que los trabajadores pernoctaran, abriendo las puertas de la vivienda familiar después de más de 33 años para arrendar solo una pieza”.

Así estuvo aproximadamente ocho años dando alojamiento y comida a estos trabajadores. “Ya me había acostumbrado a esta forma de vivir y cuando se fueron los inquilinos, me regularicé abriendo legalmente el hospedaje”, expresó.

Valiosos apoyos
Para mejorar la infraestructura, Merita contó que Fosis le entregó recursos para mejorar el baño. Luego a través de Conadi consiguió habilitar la cocina y con un préstamo de Indap pudo mejorar el techo del inmueble.

Luego la Fundación Altiplano, que le ayuda en la promoción del centro de hospedaje, la orientó en la remodelación de la infraestructura, rescatando el estilo ancestral de la casa.

Y a través de Corfo mejoró sus conocimientos en el área del turismo rural, “permitiéndome abrir una gran ventana para valorar nuestro patrimonio histórico, cultural y ancestral; y así mostrar al mundo la riqueza que poseemos en precordillera”, concluyó esta madre de 3 hijos (Raquel, Peter y Alyssa) y abuela de Luz María, su única nieta.