“Tócate una quena”…otra de las anécdotas de las redes sociales de Barbarella

Por Barbarella

Un verdadero éxito ha significado las notas de las anécdotas verdaderas sufridas en las redes sociales por nuestra sin par Barbarella. Nadie está libre de no caer en alguna cita virtual y encontrarse con hombres y mujeres que al final resultan en mucho de los casos un fiasco…vamos a esta nueva historia y que la disfruten.

Tócate una quena
Tocaba una quena ocasionalmente en un grupo andino, era alto y de ojos verdes y vivía arriba de una bicicleta, era todo lo que se podía saber por su perfil de Facebook. Así fue como partió la conversa con este homo sapiens de entre 30 y 40 años.

Sólo salimos dos veces, una vez a una tocata en el Poblado Artesanal con sus vinos navegados un invierno, años atrás. Se veía bien atractivo, excepto por la muela que le faltaba al lado derecho y que al reírse le quitaba el glamour. Así que yo me ubicaba al lado contrario, donde tenía la dentadura completa.

Me fue a dejar a la casa y en el camino comentó al toque que había tenido un amorío con una cercana mía. Que la conoció por Tinder y a la primera oportunidad se la había follado en el auto. Que la mina era fácil. Sin comentarios. Luego al dejarme afuera de mi casa, mira al frente y dice que dos cuadras hacia el sur vivía una ex pareja de él, que era gorda y que se la comió literalmente en la primera cita. Shuuuu.

Yo como estúpida me quedé callada, sin defender a nadie, era la primera vez que veía al mino, que externamente se veía atractivo, porque sus ideas y pensamientos, hasta esta primera salida, dejaban harto que desear.

Seguimos conversando por whatsApp y junto con ello el resto de la información sobre su vida la soltó sin que nadie se lo pidiera. Tenía dos hijos con la mujer de su mejor amigo. Claro que el pobrecito era la víctima, porque ahora su amigo de toda la vida (que se supone que lo detestaba) se sacaba fotos con los hijos de él, queriendo ser el padre y casi no dejaban ver a las “bendiciones”. Y bueno, aprovechaba de quejarse por whatsApp y yo alargando la conversa hasta que salimos la segunda y última vez.

Al fondo de un local de mojitos por Bolognesi, nos fuimos a conversar… aun no entiendo a qué fui… si ya su perfil no tenía nada que ver conmigo, para qué le seguía la corriente a este seudo músico andino. Nos sentamos y llevaba una bolsita, me impresionó con un peluche y una tarjeta gigante, diciéndome “Te Amo”. Casi me desmayo. No hallaba qué hacer para agradecer su gesto, hacía mucho tiempo que no encontraba a un personaje tan romántico.

Nos despedimos, prometiendo vernos una tercera vez. En la noche abro mi Facebook y el muy lindo joteando a quien se le cruzara por delante. Efectivamente todas las micros le servían. Ahí ya paré las antenitas como el Chapulín Colorado y me dije a mí misma, “para la weá”. Le mandé un whatsApp, “me cargan los hombres promiscuos y más aun cagando a los amigos, dejemos la conversa hasta aquí, que me retiro con aviso”, le dije. Me respondió: “yapo, seguiré joteando a quien se me cruce por el camino, y ojo, que tu amiga del Tinder abrió las piernas solita, así que yo nada que ver”. Shuuu, el medio pastel!

Saludos a todos mis seguidores, nos volvemos a encontrar la próxima semana y el diablo me pille confesada con tanto galán que se me ofrece en la redes sociales…¡cuidado chiquillas!.

Barbarella