La columna de Barbarella: “Toda la carne a la parrilla”

Nunca supo que lo que más detesto en un hombre es que tiren toda la carne a la parrilla, porque es entretenido conocerse de a poco, irse descubriendo, al menos en mi caso. Fue lo que me sucedió con este personaje con un cargo importante. Primero me agregó al Facebook y luego de unos días me escribió. “Hola, te sigo día a día, me encantas, quisiera invitarte a un café a mi oficina, soy el jefe tanto…” Fue como una patada en la guata, más encima el fresco se aprovechaba del cargo público para hacerse el lindo. Pero vamos por parte, no era feo, y claro, con un cargo como el que tenía, se veía mejor, el poder no deja de ser atractivo.

Por supuesto no fui, tampoco ando tirando el poto a la chuña y como hombres sobran, no es tema que me preocupe. Pero seguimos hablando, y al par de semanas me pasó a buscar y nos fuimos de copas, ya que tenía en su auto todo preparado, dos copas y una botella de vino, de la que ostentaba la marca y el precio en forma tácita, por supuesto.

Hasta ahí todo prometía. En la segunda salida me dijo “eres la mujer con la que caminaría por 21 de mayo”. Jajaja. Y la tercera salida fue a un recital de un grupo boliviano en pleno centro de Arica, donde aparecieron sus camaradas y aunque me los presentó, luego se hizo el loco.

Estaba separado, le gustaban las relaciones libres, había gorreado a la mujer hasta que le dio hipo, porque el mino atractivo y con poder no sabía lo que era amar de verdad, para él las mujeres eran usables y listo. Con el tiempo descubrí que tenía sexo como ir al gimnasio, al separar totalmente el placer del amor y, por lo mismo, estaba en terapia con una sicóloga.

Antes de informarme de lo que le pasaba a este ser, que ostentaba fotos con las autoridades de turno, pensé, shuuu la media cueva encontrar a este tipo separado, con buena pega y tincudo. Tuvimos una relación efectiva media extraña, así que me fui con cuidado y sin ningún ánimo de bajar de la mano de él por la calle 21 de mayo, porque era yo la que temía quedar expuesta.

Se perdía, aparecía, y así sucesivamente, yo también dejé de darle importancia y seguí mi vida. Un día llegué de un viaje y un amigo (que sabía de este rollo) me había mandado un mensaje, comentándome que había visto al personaje con una pendeja, bailando salsa de lo más acaramelado. Me piqué por supuesto, pero me quedé callada. Al día siguiente me escribió casi sin respirar, diciéndome que había salido a bailar, etc, etc. Como dando explicaciones.

No le hablé más y pasaron dos meses y apareció de nuevo desde el whatsApp del celular de la pega… mmmm… la conclusión más básica que pude sacar es que claro, “debe estar interesado en mí” como para andar buscándome de nuevo. Digamos que volvimos, aunque era una relación casual decidí ser más “viva”. Empezamos a conversar muchísimo, creo que casi me convertí en su consejera sentimental. Quise saber realmente quien era ese hombre tan galante y extraño. Así fue como me mostró lo que tenía en el computador adquirido con recursos estatales, lleno de porno y fotos de mujeres con las que se había acostado, de chincol a jote, varias ubicables en la ciudad, qué miedo!

Era el momento del juego que yo quería jugar, y entre tanto pisco sour que compartimos, porque le quedaban buenos, fue soltando sus oscuros miedos de ser poco viril, porque a los 40 años muchos hombres decaen en su ritmo sexual y él estaba en ese proceso. No se satisfacía con nada, ni con nadie; además me advertía que su único temor era que me enamorara de él, porque eso les sucedía a todas las mujeres con las que salía. Sinceramente me empezó a caer bien pesado. Hasta que me aburrí, no estaba para tanto zangoloteo, y un día decidí no hablarle más y bloquearlo de todas partes. Y aunque no lo crean me escribió por email, como dos veces, hasta que lo amenacé y le dije basta!

Pasó el tiempo y un amigo me cuenta que en un bar de la playa el personaje andaba con una mujer, borrachos los dos, armando medio escándalo. Resumen, mientras la pareja de esa noche de este personaje público había ido al baño, él había aprovechado de jotear a la que estaba al lado. Cuento corto, quedó la escoba, mechoneos de por medio. Al poco tiempo el galán sexópata dejó de ocupar el sillón del jefe, porque tuvieron que sacarlo del cargo lo más rápido posible, antes que explotara toda la basura que estaba a un click de la pantalla de ese computador.

Barbarella