David: el niño boliviano que regaló vida en Navidad

Ruth Fuentes, con una fotografía de su hijo David, el generoso donante boliviano.

Madre del menor, Ruth Fuentes recuerda cómo en diciembre de 2016 enfrentó la muerte cerebral de su hijo y la decisión de donar sus órganos.

Alguien con un mínimo de sensibilidad, no podría quedar indiferente ante las reacciones xenófobas que se viralizaron por redes sociales la semana pasada, cuando en Santiago una joven haitiana recibió un trasplante de hígado donado por un chileno.

Esa cruda e increíble reacción de connacionales que se sienten superiores frente a los extranjeros y que creen que los extranjeros no merecen ayuda humanitaria, porque los consideran inferiores o “lacras”, motivó a AricaMía a buscar una historia desde la empatía y de esas que la humildad y el dolor no tienen portadas rimbombantes.

¿Qué ocurre entonces cuando un extranjero decide donar los órganos de un familiar al que se le declara muerte cerebral en Chile?. He aquí un testimonio desde el otro lado del espejo…

El niño David
Las navidades en Arica para la cochabambina Ruth Fuentes, ya no son las mismas a partir de 2016. El 17 de diciembre de ese año, su hijo David, de 12 años, fue rescatado agónico de la playa Las Machas por unos bodyboarders y llevado al hospital Juan Noé en estado gravísimo.

El próximo 13 de octubre este niño boliviano cumpliría 16 años. Y aunque la esperanza de ver despertar a su hijo nunca la perdió, al cuarto día de estar internado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del centro asistencial, David sufrió muerte cerebral. Junto con enfrentar ese duro diagnóstico, esta madre debió tomar una compleja decisión: la donación de algunos de los órganos del niño.

“Luego que el médico me dijo que David no despertaría más, vino una enfermera a cargo del Unidad de Procuramiento y Trasplante de Órganos y me explicó lo que podía hacer. Fue tan cálido su mensaje, que no lo pensé dos veces. Le dije de inmediato que autorizaba la donación, pensando: y si otra familia está sufriendo igual que yo. David era un niño que siempre ayudaba a todos, entonces eso me motivó a autorizar la entrega de sus órganos”, recuerda.

Ruth no quiso presenciar la desconexión de David que puso fin a su vida. Llevó a sus otros tres hijos para que se despidieran del pequeño y luego fue notificada que el cuerpo estaba en la morgue. Así terminaba el triste episodio en que su hijo, sin su permiso, se había ido a la playa junto a unos amigos y una ola lo arrastró mar adentro hasta que fue rescatado sin signos vitales.

“No quise llevarlo a un cementerio. Decidimos cremarlo para tener sus cenizas en la casa, porque queríamos sentirlo siempre cerca nuestro. Desde la Gobernación de Arica me ayudaron a costear ese gasto, porque nosotros con mi marido éramos garzones y nuestro sueldo no nos alcanzaba. Justo el 24 de diciembre, cuando todos los padres se aprontaban a celebrar la Navidad, yo iba llegando con las cenizas de mi hijo. La sensación fue muy rara. David ya no estaría con nosotros”, indica.

Si bien cumplió con su deseo de la cremación, aún tiene pendiente otro: saber la identidad de los receptores de los órganos de su hijo. “Sé que es confidencial y no se puede conocer quiénes recibieron parte de mi hijo. Sólo pude conocer que una niñita y dos adultos fueron bendecidos con la muerte de mi hijo. Eso me reconforta, que una parte de él esté en ellos. ¡Qué ganas de saber cómo esa niñita hoy vive y le da alegrías a sus padres”, expresa Ruth.

Discriminación constante
Ruth Fuentes tomó la dura decisión de venir a Chile hace 8 años. En Cochabamba trabajaba en un restaurante, tenía tres hijos, el menor era David, y el dinero no le alcanzaba. Aquí tuvo a su cuarto hijo, hace cuatro años.

“Sufría muchos abusos en los pagos y con horas excesivas. No sacabas nada con reclamar. Nadie hacía nada. Junto a mi pareja nos vinimos primero, porque nos dijeron que en Chile surgiríamos. Llegamos a Arica a mediados del 2010. Dejé a mis hijos en Bolivia y sólo el 2016 me los pude traer. Aquí no fue fácil. También sufrí algunos atropellos en los trabajos y discriminación de personas que nos decían que veníamos a quitarle el trabajo a los chilenos”, plantea.

Le duele que se discrimine a los extranjeros. Y le golpea más el episodio ocurrido hace una semana, donde por redes sociales aparecieron cuestionamientos xenófobos al trasplante de hígado que permitió salvar la vida de una mujer haitiana. A través de redes sociales, ineplicablemente algunas personas adhirieron al hashtag #NoSoyDonantedeHaitianos.

“Lastima esa odiosidad. Yo estoy agradecida de Chile, porque aquí he podido surgir. Pero cuando uno ha vivido la pérdida de un hijo en un país que no es el tuyo y luego ha donado sus órganos, esto golpea más fuerte. Yo nunca exigí nada, ni menos que los órganos de mi hijo fueran para un boliviano. Sólo quise ayudar a familias que probablemente estaban sufriendo por la enfermedad de un papá, hijo o mamá, y mi hijo pudo salvarles la vida”, expresa Ruth junto al retrato de David.

Una tarea pendiente que tiene: cambiar en su cédula de identidad su negativa a ser donante. “En la próxima renovación de mis documentos lo haré. Cuando fui a hacer el trámite no tenía conciencia de esto. Y sobre lo que decidí respecto de mi hijo, lo haría otra vez”, afirma.

Ruth sigue batallando con sus tres hijos y su actual marido. Ella hoy además cuida a su madre postrada, pero pide una nueva oportunidad laboral. Hoy sólo vive de lo que aporta su pareja que trabaja como garzón en un restaurante de la ciudad.

Ella se emociona cada vez que un recuerdo de David vuelve a su mente. Decidió cambiarse del departamento del condominio Puerta del Pacífico donde la sorprendió la muerte de su hijo, al sector de El Alto.

El mar, bien apreciado por los bolivianos, es algo que prefiere mirar de lejos. Fue la playa la que le arrebató a su pequeño y fue la misma la que la impulsó a regalar vida. cuando su hijo sufrió muerte cerebral. Ella no pidió que el receptor fuera boliviano, sólo quiso ayudar y mitigar el sufrimiento de personas al borde de la muerte.

Claramente el hashtag de tuiteros racistas de nuestro país #NoSoyDonanteDeHaitianos queda en entredicho, cuando un migrante es el protagonista de este gesto de dar vida a través de la donación de órganos.

Ruth, la mujer boliviana que llegó hace 8 años buscando una mejor vida en Arica, entrega una lección de vida que bien vale tenerla en cuenta. Migrante o no, la donación de órganos es un gesto solidario para salvar vidas, sin condiciones, tal como ella lo hizo. ¿Y Ud. qué haría?